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El régimen de transición y sus consecuencias

Este es un escrito que nos ha llegado y hemos querido compartirlo con todos ustedes para que opinen acerca de lo que piensa un avaluador de Colombia respecto a la transformación que ha tenido su profesión y cómo ha sido afectado de manera positiva y negativa.

El régimen de transición y sus consecuencias

Los avaluadores de Colombia se enteraron de a poco que su oficio se convertiría en profesión y acarrearía algunas transformaciones de obligatoriedad sin importar el impacto económico que llevaría.

Se impuso una fecha para certificarse como avaluador en las categorías que el organismo acreditado tuviese a su favor. La mala noticia era que solo había un organismo con 4 categorías y otro con una, para certificar sus habilidades y destrezas valuatorias, los exámenes parecían sacados de la nasa y las exigencias del proceso desatinadas e inexpertas para un mercado de media clase que no entendía el propósito real de esta nueva ley valuatoria, apenas se entendían los altos valores a considerar para alcanzar un registro avaluador que los nombrara avaluadores profesionales y expertos en la actividad valuatoria.

El límite era 11 de mayo de 2018, de ahí en adelante los avaluadores que no tuvieron el dinero, los desentendidos, los escépticos y los rebeldes tendrían que someterse a una carrera técnica en competencias laborales en avalúos ante un instituto que tuviera la resolución de la secretaria de educación avalando dicho programa.

El gremio pensó que ahora el negocio inmobiliario era impartir programas técnicos por competencias en avalúos con las categorías más demandadas en Colombia, naciendo así institutos sin experiencia inmobiliaria, a montar el técnico laboral en avalúos, otros se animaron a pedir prestado el nombre y la resolución a institutos para crear un técnico en avalúos y otros a correr a tramitar resoluciones para dictar el técnico laboral en avalúos haciendo un gran collage de institutos de informática con programas de avalúos, universidades con el programa técnico en avalúos, e institutos que imparten sus clases en otra ciudad y gradúan en otra.

A los avaluadores de Colombia los han tomado como conejillo de indias para hacer experimentos económicos y financieros sin vislumbrar las consecuencias de un gremio dolido, triste y con ganas de tomar represarías.

Ahora ponen tutelas, derechos de petición, etc. Se han convertido en enemigos de los organismo o institutos que imparten estos programas técnicos, suelen esconderse detrás de un derecho de petición en lugar de buscar avalúos y el tiempo lo ocupan en redactar tutelas y demandas, perdimos el propósito de nuestra esencia valuatoria, consiguiendo así el monopolio fortalecido, un gremio desunido, sin objetivos empresariales y valuatorios, solo destruir a quien nos parece, hace daño.

No nos dio el cerebro para comprender que la ley era para organizar, profesionalizar y fortalecer el sector valuatorio en nuestro país, si bien la redactó el monopolio valuatorio de Colombia, se hubiese podido tomar lo mejor de ella y construir país.

Ahora tenemos unos cuantos avaluadores dentro de un sistema pobre y desunido para realizar avalúos legales en Colombia, aun sin tarifas, precios desmedidos y desproporcionados de los avalúos en Colombia.

Avaluadores que se han quedado por fuera del sistema impuesto por la ley, pagan por una firma registrada, desencuadernando el libro de la ética del avaluador.

¿Qué es un avaluador en Colombia, o más bien en qué lo han convertido?

Nadie se hace cargo del problema, porque nos especializamos en crear un problema para cada solución.

Nadie se hace responsable ni cargo de lo que nos pertenece, andamos en un ¡sálvese quien pueda! distrayendo y saboteando nuestros verdaderos ideales valuatorios, intentando cambiar al otro, señalando y culpando, aullando desgracias sin poder movernos hacia donde alguna vez quisimos, alimentando venganzas destruyéndonos nosotros mismos.

José del Carmen Benedetti

Avaluador de Colombia

Solos podemos hacer poco, juntos podemos hacer mucho. –Helen Keller.

 

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